El dúo catalán ha vuelto a subirse a un escenario, esta vez para presentar su último disco: 'Ultimatum'. Un directo vibrante con el que consiguió meterse a sus fieles seguidores en el bolsillo.
Con el concierto de OBK en Barcelona (Sala Bikini) hemos podido descubrir no sin asombro un nuevo término que han acuñado los fieles seguidores de Jordi y Miguel: "Orgullo OBKero". Y no es para menos, teniendo en cuenta la estrecha relación que tiene el grupo de San Feliu de Llobregat con su público catalán.
Los catalanes fueron teloneados por una divertida Lorena C, para la que Jordi ha compuesto Dulce dolor, uno de los temas de su disco de debut. La espontánea reportera del difunto programa Por qué no te callas no parecía ser reconocida por muchos de los asistentes, aún así, dio su pequeño show con mucha dignidad y entusiasmo.
Jordi y Miguel han vuelto a sus orígenes con su nuevo álbum, algo que no podía pasar desapercibido para los amantes de su pop electrónico. Yo no me escondo, Y tú qué piensas, Baila para mí y el tema que da título al disco están concebidas para seducir a sus seguidores y, como no, transformar con su magia cada segundo de su actuación.
Desde el comienzo, abriendo con sus temas más nuevos, el dúo obtuvo una respuesta positiva del público. Estaban en su ciudad y el éxito estaba fuera de toda duda. Con Yo no me escondo, una canción que claramente se añadirá a su lista de temas míticos, los asistentes ya habían entrado suficientemente en calor y se avistaba una velada con mucha marcha.
"Que se oiga el aire", le grita Jordi al público, y un estremecedor "Ooooooooohhhhhh" sacude las paredes para comenzar a cantar el que será sin duda uno de los grandes éxitos de 'Ultimatum', Aún sueño con tu nombre. Un rítmico tema de medio tiempo que, junto a la balada Aunque duermas junto a mí, son las únicas canciones lentas del disco.
En plena cuarentena, los catalanes demostraron estar aún en magnífica forma y dispuestos a darlo todo por sus fans, aunque los que les hemos visto en otras ocasiones hayamos notado un cierto "apaciguamiento de la fiera". Jordi sigue teniendo ese particular lenguaje gestual al bailar, sobre todo cuando interpreta sus más viejos éxitos, como Tú sigue así, De qué me sirve llorar, Historias de amor y la más nueva pero convertida en todo un clásico Lucifer.
Tras una hora y media de magnífico concierto, uno se pregunta por qué Jordi y Miguel se dejan ver tan poco por los escenarios del país. Está claro que público tienen y tendrían mucho más si fomentaran esa relación directa, el cuerpo a cuerpo con sus seguidores. Despedimos a OBK con la esperanza de volver a verles por la ciudad condal dentro de muy poco tiempo.
Lo mejor: Lo mejor de todo es el cariño que el público le tiene aún a un grupo que tiene ya 17 años de historia y al que es muy difícil ver en directo, debido a las pocas giras que hacen.
Lo peor: Creemos ser objetivos si decimos que el dúo catalán no mostró ningún punto débil. Pero siempre hay algo que puede mejorarse... La calidad del sonido no era perfecta y en ocasiones falló. Además, la Sala Bikini no es muy grande y llenaron en aforo muy rápido, dejando a muchos seguidores sin posibilidad de verles. Para la próxima, ¡queremos un recinto mayor!
El momentazo: En un momento dado, en un descanso entre canciones, el público comenzó a corear una queja contra los festivales catalanes Sonar y Primavera Sound por no haber invitado nunca a OBK.
Lo más inesperado: Es inimaginable dar un concierto y privar a los seguidores de la extraordinaria canción La princesa de mis sueños. ¡Nunca mais!
Lo más divertido: La forma de bailar de Jordi tiene un punto cómico que le hace sonreír a uno. Esos gestos con su mano son de lo más ochentero y, a pesar de los años, siguen siendo su esencia, como la voltereta de Bisbal.