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Criswell, conocido vidente calliforniano, predijo el hundimiento parcial de Nueva York. Seismos y temblores modificarían la costa, Manhattan se convertirá en la Venecia de América y los
neoyorkinos se verían obligados a abandonar la ciudad.
Criswell también vio a rusos, chinos y coreanos luchando en Alaska. Y anunció que en la década de los 80 una potencia extranjera atacaría EEUU con cohetes
nucleares y que algunos de ellos explosionarían en el estado de Vermont y en la ciudad de Nueva York. California se convertirá en un arsenal contra un posible ataque asiático.
Nostradamus
dice que el cielo arderá desde los 45º. Precisamente el paralelo 45 marca la frontera entre Vermont y el Canadá.
Edgard Cayce, durante un trance de 1932, ya había predecido que a Norteamérica la
afectarían importantes movimientos telúricos, y que Nueva York podía ser aniquilada.
Ellen G. White, profetisa, tuvo en 1904 dos visiones sobre el futuro de NY. Vio cómo se alzaba edificio tras edificio,
cada uno más alto que el anterior, construidos por hombres poderosos como símbolos de su poder. Pero los altísimos edificios se incendiaban y eran consumidos como si fuesen teas. Tras su segunda visión, declaró:
“Una
palabra del Señor y esas estructuras caerán a pedazos y quedarán borradas de la faz de la tierra, como si el Todopoderoso las hubiera barrido con un gesto de su mano”
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